EL AMIGO AZKOITIARRA DE ROUSSEAU

Este año es de obligado cumplimiento, hacer referencia a dos aniversarios, cuyo nexo de unión es Azkoitia. Se cumplen 250 años del fallecimiento de Manuel Ignacio de Altuna y Portu y a su vez coincide la efeméride, con los trescientos del nacimiento del filósofo ginebrino Jean Jacques Rousseau.


En estas fechas festivas, muchas han sido las ocasiones en las que hemos tratado de nuestras esencias, de nuestras raíces y hoy nos toca hablar de lo que hemos sido capaces de abrirnos a nivel individual y social a lo diferente y a lo nuevo. Para ello traemos la memoria de Manuel Ignacio de Altuna y Portu, un azkoitiarra que nacido hace más de tres siglos, salió de ella, para educarse en las ciencias y las artes, y siguiendo la moda imperante en las familias de su estilo, se dedicó a conocer el mundo. Su novedad estribó en que al volver a casa, palpó la realidad de su pueblo, derrotado por la crisis de las empresas tradicionales, e inició desde su posición una carrera por el cambio, apostando por una recuperación basada en los nuevos valores que conoció en Europa.

Resumiendo sus datos biográficos, nuestro personaje nació en Azkoitia el 3 de setiembre de 1722, hijo del azpetiarra Manuel de Altuna y Corta, poseedor del mayorazgo de la casa de Altuna en la plaza de Azpeitia, y Mariana Portu y Badillo que vendría a ser la señora de Zornostarizaga de Azkoitia, conocida a partir de estas fechas como casa de Altuna y Portu. Realizó sus primeros estudios en el colegio que la Compañía de Jesús poseía en el centro de la villa y el año 1732, fue uno de los alumnos que inauguró los cursos de la Cátedra de Latinidad, que se crearon en ella. Estos estudios que se proyectaron en la misma fundación del colegio el año 1600, sólo lograron materializarse ahora, gracias al impulso municipal. Para ello el Ayuntamiento cargó con un impuesto especial el vino que se vendía en la alhóndiga para el pago de los profesores contratados. Permaneció aquí durante los tres cursos que dirigió el Padre Pedro de Larreta S.J, hasta el año 1734. En esta cátedra conocida también como de gramática, se enseñaban estudios humanísticos y se fueron incorporando paulatinamente algunas nociones de ciencias aplicadas como las matemáticas, novedosas en esa época. En esos primeros años asistían a esta especialidad cerca de cincuenta alumnos, tanto hijos de las familias del pueblo como de procedencias más lejanas. Muchos de ellos fueron luego protagonistas del movimiento Ilustrado, como Peñaflorida, Narros o Moguel.

Sabemos que en 1736, Altuna estaba estudiando en el Real Seminario de Nobles de Madrid, inaugurado nueve años antes e inspirado en el Colegio de San Luis el Grande de París, bajo la tutela también de los Jesuitas y que en ella recibía una educación renovada e incluso elitista. Es la época en la que la formación académica además de ser considerada como instrumento para dirigir negocios y crear riqueza, alcanza un valor de prestigio social hasta entonces desconocido. En este contexto la educación se concebirá tanto desde sus vertientes teóricas como desde la experiencia. Por ello será frecuente coronar los estudios visitando "in situ" los lugares donde se forjaron las civilizaciones clásicas y donde el conocimiento y la inquietud intelectual alcanzaban notoriedad, realizando el viaje popularizado como "grand tour" llegando a las diferentes cortes y ciudades europeas. De esta forma al inicio de la década de los cuarenta, Altuna Portu realizará su particular recorrido por la peninsula italiana permaneciendo en Venecia. Su afición musical le llevará a seguir de cerca la evolución del a ciudad y entre canales, palacios, y auditorios se encontrará con Rousseau hacia 1743. Siendo en este momento la música el motivo por el que ambos se conocieron.

El ginebrino, acababa de presentar un nuevo sistema de notación musical en la Academia de la Ciencia de París y se hallaba en Venecia por haber logrado un puesto en la secretaría de la embajada de Francia en esa ciudad Rousseau es uno de los personajes fundamentales para comprender las bases con las que se ha construido la sociedad occidental contemporánea. Fue el pensador que creyó en las grandes posibilidades de las personas, influyendo sus ideas en la revolución francesa, en la carta de los derechos humanos, y en toda la filosofía moderna, siendo considerado uno de los precursores del ecologismo e incluso del movimiento hippie. Entre el azkoitiarra y él, se fue tejiendo una enorme complicidad y discutieron sobre cuestiones que posteriormente se plantearían en las tertulias más avanzadas de todo el mundo. Paradójicamente también en las de un pueblo tan recóndito como el nuestro, donde, por su supuesta pretenciosidad, sus participantes recibieron el sobrenombre de caballeritos. Pero volviendo al relato, al llegar la hora de despedirse en Italia en 1744, un último consejo dado por Jean Jacques le dirigió de imprevisto a conocer París: "Le dije que las artes eran para el descanso de un genio como el suyo, más hecho para el cultivo de las ciencias, y le aconsejé, para aficionarse a ellas un viaje y seis meses de estancia en París". Poco se imaginaban ambos que en breve, se volverían a reencontrarse por el obligado regreso de Rousseau a la capital francesa, y que incluso compartirían vivienda mientras duró la estancia de Altuna en aquella ciudad. "Estaba allí y me esperaba cuando yo llegué. Su alojamiento era demasiado grande para él, me ofreció la mitad y lo acepté. Lo encontré enfervorizado con los altos conocimientos... Obstinados los dos, nunca estábamos de acuerdo en nada. Por eso no podíamos dejarnos un instante, y aunque nos llevábamos la contraria sin cesar, ninguno de los dos hubiera querido que el otro fuese distinto".

Azkoitia, sin embargo reclamaba la presencia de Manuel Ignacio de Altuna, al nombrarle alcalde en la tradicional elección anual del día de San Miguel, en setiembre de 1745 y aunque él agradeció su nombramiento, tardo un tiempo, hasta el mes de enero para incorporarse al puesto. Durante su mandato, por citar algunos detalles, le correspondió inaugurar el actual ayuntamiento para la celebración de las Juntas Generales, rematar las obras del camino nuevo a Loyola o vivir la intensidad de las predicaciones de Mendiburu. Intervino en la política municipal y en la foral, y destacó su interés por elaborar un proyecto educativo nuevo. Desde su llegada a Azkoitia había colaborado, junto a otros compañeros que hicieron semejante trayectoria formativa, como Xabier de Munibe o Joaquín de Eguia, en la elaboración de un ideario de desarrollo social, que más adelante se materializaría con el nombre de Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.


Altuna en Azkoitia procuró, no sin dificultades, poner en valor sus conocimientos, convivió haciendo difíciles equilibrios entre la tradición del pensamiento imperante y el nuevo modelo que se vislumbraba y siguió manteniendo correspondencia con sus amistades, como Rousseau a quien volverá a invitar a nuestro pueblo. Todavía no sospechaba que los escritos de su amigo, la Enciclopedia y todo aquello que podría cuestionar algunas convicciones religiosas o ponía en valor la razón, iban camino de ser condenados a la hoguera y que las relaciones con sus autores serían puestas en tela de juicio por la Inquisición. Pasaron los años y nuestros protagonistas trazaron caminos diferentes, aunque ello no fue obstáculo para que la memoria de su relación prevaleciera. Rousseau en los volúmenes de sus Confesiones, obra publicada bastantes años después de la muerte del azkoitiarra y escrita con un enorme sentido de la veracidad, le dedicará un capítulo considerándole amigo suyo por excelencia, con un elogio jamás tributado por él a nadie, hecho que le trasciende a Altuna a ser conocido universalmente. El filósofo ginebrino le describirá con muchos detalles y relatará entre otras vivencias que "nos entendimos tan bien que hicimos el proyecto de pasar juntos el resto de nuestros días. Al cabo de unos años yo debía ir a Azkoitia para vivir con él en su tierra. Fue la víspera de su partida...sólo falló lo que no depende de los hombres...los sucesos posteriores, mis desastres, su matrimonio y finalmente su muerte nos separaron para siempre. Se diría que sólo las negras maquinaciones de los malvados triunfan y los proyectos inocentes de los buenos casi nunca se realizan".


Manuel Ignacio contrajo matrimonio con María Brígida de Zuloaga, en Hondarribia, tres años después de llegar a Azkoitia y tuvieron dos hijos. El sucesor en el mayorazgo, llamado como su padre, Manuel Ignacio, también se implicó en la política municipal y foral, y fue miembro de la RSBAP y como él se intereso por la educación, tanto que presentó documentos con incuestionable sello roussoniano. Entre sus descendientes en nuestra villa figuran los actuales propietarios de la casas de Portu y Txurrukaetxea. Altuna enviudó a los ocho años de casarse y falleció a los cuarenta, el 27 de mayo de 1762, cuando seguía participando en el Ayuntamiento y en la Junta Académica creada en nuestra villa, origen de la futura Sociedad Bascongada. Joaquín de Eguia, en el elogio que le dedicó a Peñaflorida, reconocerá, refiriéndose a Altuna que era uno de los sujetos más útiles y laboriosos y que su perdida supuso casi el desbaratamiento del plan. Precisamente ese fatídico año Rousseau publicaba dos de sus obras más importantes, Emilio o De la Educación y El contrato social.


Por ello, este aniversario nos brinda un buen pretexto para acercarnos a un azkoitarra no lo suficientemente conocido y cuyo panegírico escrito por el célebre filosofo finaliza de esta forma tan elocuente: "
Este sabio de corazón y de entendimiento... fue mi amigo". Os invito por un instante a pensar lo que hubiera sucedido si el deseo que soñaron se hubiese cumplido y que Rousseau hubiera vivido en nuestro Goiko kale.


Ondo pasau Andramaixek!!!
Juan Bautista Mendizabal Juaristi.
Cronista Oficial de Azkoitia


www.azkoitia.net
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