Azkoitia Historia y patrimonio

Historia y patrimonio

Los primeros vestigios de asentamiento humano en Azkoitia se encuentran en las estribaciones de los montes que la rodean. Dólmenes del Izarraitz o el castro de Munoaundi, son dos claros ejemplos que la arqueología nos ha dado a conocer, retrotrayéndonos cerca de 5000 años de historia.

 

La primera documentación escrita que conocemos sobre Azkoitia data del 1186-1189, y proviene del Obispado de Pamplona, en la que se menciona un territorio llamado Iraurgui, que formaba parte de sus posesiones. En esta documentación se localizan dos centros religiosos: la parroquia de Santa Maria de Balda, que con el tiempo dará lugar a la villa de Azkoitia, y la iglesia de San Sebastian de Soreasu, que dará lugar a Azpeitia.

 

Dicho valle de Iraurgui, adscrita al obispado de Pamplona, pertenecía a la tenencia de Ipuzkoa, una de las entidades administrativas del Reino de Navarra.

 

El año 1200, en plena época en la que el Reino de Navarra promovía la fundación de villas, el valle de Iraurgui, al igual que el resto de Ipuzkoa, Alava y el Duranguesado, pasaron a ser controlados por el Reino de Castilla.

 

Nuestra villa fue fundada en 1324 con el nombre de San Martín de Iraurgui de Azkoitia en la colina de Bedeaizar en las proximidades de la actual ermita de San Martin. En 1331 se trasladó al otro lado del río y hacia el valle, constituyendo el viejo pueblo de Miranda de Iraurgi en lo que hoy es Plaza Berri, debajo del primitivo Monasterio de Santa Maria de Balda.

A partir de estos momentos superando enormes dificultades, irá estructurándose su vida municipal. Atrás quedarán las luchas de bandos, los poderes señoriales y los azkoitiarras logrará primero concertar la jurisdicción de villa en 1413 y luego redactar sus célebres ordenanzas en 1484.

 

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Azkoitia fue Villa Mayor o de tanda de la Diputación y del Corregimiento, junto a Azpeitia, Tolosa y San Sebastián, conformándose como una de las capitales de turno de Gipuzkoa hasta el siglo XIX.

El XVI es el siglo de la eclosión de la economía mundo. El hierro producido y transformado en nuestras ferrerías va a llegar a los puntos más insospechados del planeta. El comercio comienza a jugar un papel de primer nivel. Por otra parte, notables familias de Azkoitia desarrollaran su actividad cerca de la Corte o al albor de la entonces iniciada aventura Americana. A su vez el mundo agrario conocerá un nuevo impulso con la llegada de los productos procedes del otro lado del atlántico.

Este desarrollo tendrá fiel reflejo en la propia forma urbana de Azkoitia. Se levantará la magnífica Parroquia, las nuevas dependencias municipales y hermosas casa burguesas jalonarán las calles de la villa.

Aunque conocimos épocas de penurias económicas por la crisis de la ferrería o el impacto de epidemias y guerras surgió en nuestra villa una nueva respuesta a través de los famosos Caballeritos de Azkoitia, soñadores y forjadores de un moderno concepto de País. Innovadores de la cultura y de la economía. Impulsores de nuevas ideas en el seno de una Europa en transformación.


La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, fundada en Azkoitia en 1764, por inspiración y obra de personalidades como Xabier Maria de Munibe -Conde de Peñaflorida-, Manuel Ignacio de Altuna y Portu o Joaquin de Eguia -Marqués de Narros-, se convertirá en referente para otras Sociedades Económicas que posteriormente se crearán tanto en el estado como en el extranjero.

En el contexto de la segunda mitad del siglo XIX, nuestro pueblo conoce un resurgir económico de la mano de la industria textil, y como bien decían nuestros mayores, en ella se vestirá a las personas -desde arriba-, por su fábrica de boinas y -hasta abajo-, por la manufactura de alpargatas.

El siglo XX traerá a Azkoitia nuevos aires tras la crisis y las guerras de la primera mitad del siglo y transformará su estructura económica en base a la implantación de una industria basada en el sector siderometalúrgico. Los últimos 30 años, recuperada la democracia, Azkoitia ha regenerado su estructura urbana y ha invertido sus esfuerzos en la ordenación y regeneración urbanística, social y económica.

Hoy es un pueblo atractivo que se ha recreado a si misma abierta al mundo y enraizada en la milenaria historia del Pueblo Vasco. Un pueblo que ofrece una vivencia y experiencia genuina de lo vasco, con la máxima expresión del euskera, nuestro idioma, la vida de su casco histórico, las nuevas tertulias de su restaurado Palacio Insausti, la emoción que provocan los Frontones Jorge Oteiza, la reflexión que surge desde la Fundación del artista Antonio Oteiza, o desde la obra de otro genial escultor como José Alberdi... Azkoitia se convierte así en un pequeño universo de la pelota, del arte y de la cultura.


www.azkoitia.net
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